[Historia] Personajes ilustres de Ciudad Real

Estos han sido entre otros, en los más de 700 años de Historia de Ciudad Real los ciudadrealeños que han destacado dentro y fuera de Ciudad Real por su labor en su trabajo y por la Sociedad:

– Fernán Gómez de Ciudad Real, (El Bachiller). (1388-1451), sirvió en la Corte del Rey de Castilla y León Juan II.

– Alvar Gómez de Ciudad Real (El Viejo). Secretario y Ministro de Economía de los Reyes de Castilla y León Juan II y Enrique IV.

– Hernán Pérez del Pulgar y García Osorio. (27.7.1451 – 11.8.1531). Militar, Conquistador de Granada. (Ver Palacio de Hernán Pérez del Pulgar en Ciudad Real.

Nació en Ciudad Real, su partida de nacimiento se conserva en el archivo parroquial de la parroquia de La Merced, el 27 de julio de 1451 Hernán Pérez del Pulgar y García Osorio, apodado “el de las Hazañas”, hidalgo y militar al servicio de los Reyes Católicos; destacó en las campañas de Granada (1481-1492). Nombrado Gentilhombre por los Reyes Católicos (1481), logró importantes éxitos militares en Alhama (1482), el castillo de Salar (1486), el sitio de Baza (1489) y Salobreña (1490). Escribió por orden de Carlos V el Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán (1527):

En su juventud destacó por defender Ciudad Real de los Calatravos en su ataque de 1474 referido en la obra de Lope de Vega Fuenteovejuna. En la Guerra de Granada por varios sitios a castillos musulmanes, pero sería la hazaña del Ave María la que le daría inmortalidad; en un asalto nocturno a Granada acompañado de otros 15 caballeros, llegó hasta la puerta de la Mezquita Mayor y clavó con su daga una la oración del Ave María en la misma puerta de la Mezquita, a modo de guerra psicológica.  En la toma de Granada liberó a varias docenas de cautivas españolas en manos de bereberes, cuyas cadenas cuelgan en el monasterio toledano de San Juan de los Reyes:personajes-ilustres-1

Cuadro de Hernán Pérez del Pulgar en la Diputación de Ciudad Real

También fue cronista de la Guerra de Granada. Más tarde en Italia junto con Gonzalo Fernández de Córdoba, “el Gran Capitán”, y siendo su lugarteniente reformaron las tácticas de la infantería española en Ceriñola, las cuales darían lugar a los célebres Tercios Españoles invictos, gracias a sus enseñanzas, durante más de 150 años. Murió en Granada a los 80 años en 1531. Por sus hazañas y en especial por la de Granada, los Reyes Católicos le concedieron el privilegio de estar enterrado junto a ellos en la Capilla Real de la Catedral de Granada, privilegio muy de destacar, pues no se ha repetido en la Historia de España y no era un miembro de la Casa Real.

– Fernando Alonso de Coca. Chantre y Canónigo, Confesor de la Reina Isabel I de Castilla y León.

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– Diego de Mazariegos. Explorador. Fundador de la ciudad de Ciudad Real en México en 1528.

– Salvador Jiménez Coronado. (7.1.1747- 24.11.1813). Científico, Presbítero, Diputado por la Provincia de La Mancha en las Cortes de Cádiz. Director del Observatorio Astronómico de Madrid hasta la invasión francesa de 1808.

– José Medrano y Treviño. Capitán de Artillería del ejército español, defendió Gerona y el Castillo de Montjuic en Barcelona del ejército de Napoleón Bonaparte durante la Guerra de la Independencia.

– Diego Medrano y Treviño. (13.11.1784 – 2.7.1853)Político, Ministro de Interior.

– Manuel Adame de la Pedrada. (1780-1835). Militar y Guerrillero de la Guerra de la Independencia, conocido por “El Locho”.

– Mateo Casado y Sirelo. (1790-1868).

Político y militar, Fue Capitán del Escuadrón de Húsares de Ciudad Real durante la Guerra de la Independencia contra los franceses (1811-1813) y Capitán de Granaderos de la Milicia Nacional de Madrid hasta 1823. Combatió durante la Guerra de Independencia en las batallas de Consuegra, Los Yébenes, Almagro y Arroyomolinos. También combatió en el Sitio de Cádiz de 1808 y participó en la defensa de la Familia Real durante la asonada del 19 de febrero de 1823.

– Francisco Aguilera y Egea. (15.11. 1857- 9.6.1931). General del ejército español, Ministro de Defensa en el Directorio de Primo de Rivera, participó en el Levantamiento contra el Directorio del general Primo de Rivera del 29 de enero de 1929.

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– Ángel Andrade Blázquez. (15.3.1866-12.11.1932). Pintor.

– Carlos Vázquez Úbeda. (31.12.1869-31.8.1944). Pintor e Ilustrador en la revista Blanco y Negro.

– José Balcázar y Sabariegos. (1872-1944). Historiador.

– Juan Manuel Treviño Aranguren. (13.2.1879-12.1936). Marqués de Treviño, Político, Fundador de los Sindicatos Católico-Agrarios.

– Felipe García Coronado. (15.2.1902-11.9.1937). Escultor autor de la escultura de Miguel de Cervantes.

– Manuel López-Villaseñor y López-Cano. (28.6.1924-1996). Pintor y Escultor.

– Joaquín García Donaire. (29.7.1926-2003). Escultor y Pintor.

– Cecilio López Pastor. (9.1915-22.5.2006). Periodista y cronista de Ciudad Real.

– José María Barreda Fontes 1953. Político e Historiador. Presidió la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha entre los años 2004 y 2011.

– Manuel Marín González21-10- 1949. 4-12- 2017. Político,Presidió el Congreso de los Diputados.

[Second Life] Stronger por Kelly Clarson

 

 

 

 

 

Kelly Clarkson – Stronger (What Doesn’t Kill You) Subtitulado español Ingles En el 2002 junto con otros diez mil aspirantes se presentó al casting de American Idol. Impresionados por su voz y personalidad los jueces le permitieron seguir a la siguiente ronda y quedando así entre los treinta mejores, Kelly se ganó el reconocimiento de los jueces con su interpretación de Respect, un éxito de Aretha Franklin. Posteriormente pasó a ser una de los diez finalistas.El 4 de septiembre de 2002, Kelly ganó la competencia obteniendo el 58% de la votación contra el 42% de su rival, Justin Guarini. Como la recién coronada American Idol Kelly cantó el tema A Moment Like This mientras los otros concursantes la felicitaban. Al ganar el concurso se le ofreció un contrato por un millón de dolarés con RCA.Clarkson fue la primera de tres concursantes en la historia del programa que nunca estuvieron en el bottom three ( es decir los tres concursantes con menor cantidad de votos en los resultados semanales) siendo los otros Clay Aiken, la ganadora de la cuarta edición, Carrie Underwood y el exitoso David Archuleta.Kelly, trabajó como extra en la televisión en la serie de Melissa Joan Hart, Sabrina, the Teenage Witch y colaboró brevemente con el cantante y compositor Gerry Goffin. Después de que su casa en Los Ángeles se incendiara regresó a Texas, desanimada pero con interés en seguir persiguiendo su carrera de cantante.

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[Dross] Valle de la calma

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Abraham Salgado, que tuvo un pasado más que difícil, ingresa a trabajar en un gigantesco complejo llamado Hospital San Niño, en el que se albergan también enfermos mentales. Pronto descubre, muy a su pesar, que el lugar esconde secretos colosales y perturbadores, y se vuelve cada vez más extraño y siniestro con el paso de los días.
No puede escapar de allí, haga lo que haga.
El Hospital San Niño es una trampa mortal… y amenaza con destruir a Abraham de un modo inenarrable, del mismo modo que lo ha hecho con incontables almas antes que él.

 

INTRODUCCIÓN

El hospital San Niño fue construido el 16 de julio del año 1860.
Aunque fue muy disputado, ninguno de los doce arquitectos que trabajaron
en el proyecto (que tardó casi una década en completarse) se
pudo adjudicar la autoría definitiva de la obra. El interés de estos hombres
por ser reconocidos estaba justificado; el San Niño, con una capacidad
para atender a dos mil pacientes, sería el hospital más grande jamás
construido en todo el sur del continente.

Fue el último de los arquitectos quien sin embargo tuvo el honor de
recibir el mérito y también el de colocar el nombre que llevaron las instalaciones
hasta el último día de su existencia.
Su construcción costó una fortuna a la Confederación liderada por
Justo José de Urquiza quien, tras el sangriento combate de Cepeda y con
miras al desenlace de la guerra civil que eclipsaría la batalla de Pavón,
consideró pertinente la edificación de un lugar estratégico al sur para
atender y retirar a los soldados heridos, que se contaban por miles.
Para 1900, cuando ya la Argentina era una república, el San Niño
corrió peligro de ser clausurado debido a los altos costos de su mantenimiento;
ante el equipamiento y personal que exigiría cualquier otro hospital
en grandes ciudades como Buenos Aires, el San Niño los duplicaba y
a veces triplicaba. Era, en palabras de un ministro retirado del gobierno
de Pellegrini, «un engendro».
Para los años que corrían, los titanes que no pertenecían a la clásica
Europa estaban ávidos por mostrar al mundo su formidable poderío,
preludio de un nuevo orden mundial que no tardaría muchos años en instaurarse, y para ello se valían de un presumido desfile monetario llevado
a la palestra con tanto ahínco como si del tamaño de cierta cosa íntima se
tratara: no querían cerrar el San Niño, pues se trataba de un baluarte que
representaba, con su enormidad, el tamaño del octavo país más grande
del mundo.
Pero no por ello iban a dejar de hacerlo de manera inteligente, una
inteligencia que envidiarían muchos políticos de la Argentina moderna:
no convertirían al San Niño en una ladilla gigante (qué peor pesadilla).
Así que, al cabo de poco tiempo, se les ocurrió una mejor idea: gracias a
su ubicación tan retirada —citando textualmente— «en el medio de la
nada», el lugar sería un excelente centro de retiro (o pozo con candado)
para familias de toda índole que pudieran costearlo.
Así, el San Niño encontró un nuevo y oscuro propósito.
Estar alejado del mundo y, más importante aun (sobre todo en años
consecuentes, cuando Hearst y Pulitzer se debatían el dudoso honor de
haber convertido al periodismo en un arma de destrucción masiva), de
los escándalos.
La idea funcionó tan bien que unos pocos acaudalados no solo sacaron
al San Niño de los números rojos sino que además decidieron que
había que expandir la idea con un proyecto más interesante aun: crear un
centro psiquiátrico adonde pudieran retirarse las ovejas negras, uno que
otro refugiado nazi y en especial los grandes burgueses. Todos sin riesgo
de exponerse.
El psiquiátrico, que fue construido en paralelo al hospital, tomó apenas
tres años en completarse. La idea, en esta ocasión, era simple: un
edificio idéntico al primero.
Se suponía que los costos del psiquiátrico serían mucho más bajos
porque al principio no era más que una extensión vacía del primer edificio.
Sin embargo, eso cambiaría con el tiempo, cuando la primera estrella
de cine escondiera a su hijo con síndrome de Down, o la primera
cantante italiana a su hijo adolescente drogadicto para protegerlo de los
largos brazos de la prensa europea durante los años sesenta. Ellos fueron
los pioneros en admitir toda clase de pacientes siempre y cuando, desde
luego, fueran lo suficientemente ricos para costearlo.
De ese modo, poco a poco, el psiquiátrico se volvió más próspero
que el hospital, y se transformó en una pequeña comunidad cerrada que
lo tenía todo.

El doctor en jefe, quien tenía a su cargo las dos enormes instalaciones
bautizadas bajo el mismo nombre, era para el centro lo que para un portaaviones
su almirante. Su labor médica era nimia frente al desempeño
político y administrativo que el San Niño exigía.
Este puesto recayó sobre los hombros de veintisiete personas; veintiséis
de ellos mantuvieron a flote el largo proyecto. Sin embargo, fue el
vigésimo séptimo encargado quien, a partir de la segunda mitad del siglo
xx, aumentó de forma exorbitante sus ganancias personales y las del San
Niño, hasta cierta temporada en la que, tras salir a la luz una serie de hechos
abominables, las instalaciones se clausuraron para siempre.

taurarse, y para ello se valían de un presumido desfile monetario llevado
a la palestra con tanto ahínco como si del tamaño de cierta cosa íntima se
tratara: no querían cerrar el San Niño, pues se trataba de un baluarte que
representaba, con su enormidad, el tamaño del octavo país más grande
del mundo.
Pero no por ello iban a dejar de hacerlo de manera inteligente, una
inteligencia que envidiarían muchos políticos de la Argentina moderna:
no convertirían al San Niño en una ladilla gigante (qué peor pesadilla).
Así que, al cabo de poco tiempo, se les ocurrió una mejor idea: gracias a
su ubicación tan retirada —citando textualmente— «en el medio de la
nada», el lugar sería un excelente centro de retiro (o pozo con candado)
para familias de toda índole que pudieran costearlo.
Así, el San Niño encontró un nuevo y oscuro propósito.
Estar alejado del mundo y, más importante aun (sobre todo en años
consecuentes, cuando Hearst y Pulitzer se debatían el dudoso honor de
haber convertido al periodismo en un arma de destrucción masiva), de
los escándalos.
La idea funcionó tan bien que unos pocos acaudalados no solo sacaron
al San Niño de los números rojos sino que además decidieron que
había que expandir la idea con un proyecto más interesante aun: crear un
centro psiquiátrico adonde pudieran retirarse las ovejas negras, uno que
otro refugiado nazi y en especial los grandes burgueses. Todos sin riesgo
de exponerse.
El psiquiátrico, que fue construido en paralelo al hospital, tomó apenas
tres años en completarse. La idea, en esta ocasión, era simple: un
edificio idéntico al primero.
Se suponía que los costos del psiquiátrico serían mucho más bajos
porque al principio no era más que una extensión vacía del primer edificio.
Sin embargo, eso cambiaría con el tiempo, cuando la primera estrella
de cine escondiera a su hijo con síndrome de Down, o la primera
cantante italiana a su hijo adolescente drogadicto para protegerlo de los
largos brazos de la prensa europea durante los años sesenta. Ellos fueron
los pioneros en admitir toda clase de pacientes siempre y cuando, desde
luego, fueran lo suficientemente ricos para costearlo.
De ese modo, poco a poco, el psiquiátrico se volvió más próspero
que el hospital, y se transformó en una pequeña comunidad cerrada que
lo tenía todo.

El doctor en jefe, quien tenía a su cargo las dos enormes instalaciones
bautizadas bajo el mismo nombre, era para el centro lo que para un portaaviones
su almirante. Su labor médica era nimia frente al desempeño
político y administrativo que el San Niño exigía.
Este puesto recayó sobre los hombros de veintisiete personas; veintiséis
de ellos mantuvieron a flote el largo proyecto. Sin embargo, fue el
vigésimo séptimo encargado quien, a partir de la segunda mitad del siglo
xx, aumentó de forma exorbitante sus ganancias personales y las del San
Niño, hasta cierta temporada en la que, tras salir a la luz una serie de hechos
abominables, las instalaciones se clausuraron para siempre.