[Psicología]

por: Barbiturika

Hace un poco más de tres meses me diagnosticaron depresión, y yo misma tenía esos prejuicios de depresión entendida como ese estado anímico en el que estás triste porque se te muere la mascota o porque te deja tu pareja. Pero no, la verdad que es mucho más complicado que eso, es tan complicado de entender que explicarlo a la gente que te rodea -y que se merecen dicha explicación- es sencillamente, imposible. Y puestos a hablar de imposibles, todas las cosas cotidianas, también se convierten en grandes retos para ti. Levantarte de la cama, ducharte, hacerte la comida, ir a clase, estudiar, jugar a un videojuego, esas cosas que tenías por rutina ahora son pequeñas luchas diarias, y qué duro es tener que librar una guerra todos los días contra ti mismo. Todo se convierte en una montaña demasiado alta para escalar, por muchas cuerdas que tengas. Puedes levantarte con el mejor ánimo posible que pequeñas cosas como una taza cayéndose al suelo, te hacen llorar y querer enclaustrarte en la cama y no salir nunca.

Es perder ilusión por las cosas que antes te hacían disfrutar de la vida, es ver como cambias tu forma de ser, como pierdes tu esencia, como pierdes las cosas que te gustaban de ti y que hacían feliz a la gente que te rodea, es como ver un agujero a lo lejos y saber que te vas a caer, porque caer es más fácil que intentar esquivarlo.

Es ver como ya no disfrutas de la misma manera las cervezas con tus amigos, ni los abrazos que te dan. Es ver como tu sonrisa cada vez es más pequeña y tu risa más poco sonora, es ver cómo te apagas, es ver como todo el mundo avanza y tú te quedas atrás. Es tener en tu cabeza como eras antes y sentir un repudio enorme al ver en lo que te has convertido.
Es tener miedo, un miedo irracional a reírte o a pasar buenos momentos porque sabes que no van a ser una constante en tu vida y luego la ostia es mucho mayor. Es tener miedo a ser feliz por un rato porque sabes que ese sentimiento no es real, miedo a que llegue la noche y no poder dormir, es sentirte un fracaso, sentir que das un paso hacia delante, pero 4 para atrás, es sentir que todo el mundo estaría mejor sin ti porque eres una carga y aunque quieras pasar desapercibida, siempre hay alguien que se preocupa y sufre por ti. Es distanciarte de tus amigos, de tu familia, porque no tienes fuerzas para fingir que estás medianamente bien, porque no quieres fingir sonrisas y no quieres fingir sentimientos.

¿Lo más duro? ¿Lo que más duele? La gente que te rodea. Esa gente, esas personas, que dan todo por ti, porque sonrías, que se comen tus cambios de humor, que se comen toda tu mierda sin tener la obligación de hacerlo, y tú no eres capaz de estar bien, aunque sea por ellos ya que te valoras tan poco a ti mismo que, por supuesto, no puedes hacerlo por ti misma. Intentar ser mejor persona, mejor amiga, pero no ser capaz, al contrario… ser todo lo contrario. Esa gente que ve como una persona importante para ellos está pudriéndose, está sufriendo y tienen que buscar las palabras adecuadas cada vez que te hablan porque saben que la mínima cosa puede hundirte. Es hacerles formar parte de una guerra y una batalla constante que nunca decidieron librar, pero ahí están, sin que tú se lo pidas, luchando más que tú por ti misma y eso te hace sentirte aún peor, aún más despreciable y aún más inútil.

Pero siempre, siempre tienes esperanza. Y esto a veces es una mierda, porque te gustaría perderla por completo y sufrir un poco menos, pero así funciona esto supongo. Todos los días te levantas intentando dar la mejor versión de ti misma, por muy mal que lo hayas pasado el día anterior, por mucho que hayas llorado o por muchos ansiolíticos te hayas tenido que tomar para poder dormir tres horas. Siempre me levanto diciendo hoy va a ir mejor, hoy voy a disfrutar jugando, o voy a salir a la calle a divertirme un poco pero la realidad es que en estos tres meses siempre me he levantado con esperanzas y siempre se han ido desvaneciendo a medida que pasaban las horas y a las tres de la mañana pienso: otro día de mierda. Pero al día siguiente, y al siguiente, vuelves a intentarlo, aunque no quieras, siempre lo intentas… y espero que llegue un día que no tenga que intentarlo más, porque todo esto habrá pasado. Volveré a disfrutar de los detalles, de los pequeños momentos y de la gente que quiero y sobre todo de ti, pequeñito.