[Los 7 Reinos] Fuego y Sangre

Por Juliana Vargas

“Me maravillo a menudo de que la historia resulte tan pesada, porque gran parte de ella debe ser pura invención”, dijo alguna vez Jane Austen, y tal vez George RR Martin esté de acuerdo.

Desde inicios de la década de los 90, Martin ha estado construyendo un universo que, con los años, ha requerido de una anécdota acá, una canción allá, un trovador que se escabulle y un maestro que recopile. Así, relato tras relato, George ha consolidado la historia de Poniente y la dinastía Targaryen…O no…Llega un momento en que las letras se salen de control, en que los personajes que una vez fueron criaturas vacías cobran vida, llega un momento en que cambian de opinión y, por su cuenta, cambian el curso de unos acontecimientos que, aunque ficticios, siguen siendo historia.

Esto es “Fuego y Sangre”, un intento de plasmar fehacientemente lo que aconteció desde la llegada de Aegon el Conquistador hasta el reinado de Aegon III, sin llegar a lograrlo del todo.

El maestre Gyldayn, autor de Fuego y Sangre
El maestre Gyldayn, autor de Fuego y Sangre

¿Quién fue Aegon el Conquistador? ¿Un liberador? ¿Un tirano? El archimaestre Gyldayn lo retrató como un hombre fuerte, pero no opresor; como un liberador más que un invasor; como un hombre cauto cuando debía y un dragón cuando lo provocaban. Rhaenys y Visenya son igualmente idealizadas al inicio del relato. La primera fue hermosa incluso bajo estándares valyrios, grácil, rodeada de poetas y bailarines. La segunda tenía una belleza tosca que igualmente paralizaba a todo ponienti, tenía un humor incisivo y una fiereza que solo podía encontrarse en ojos llameantes. Los Targaryen eran vistos como dioses, y como dioses los eternizó el archimaestre Gyldayn. Los Siete Reinos vivían en un estado constante de barbarie, muriendo tras cada guerra y reviviendo ante un nuevo suspiro que iniciaba otra. Sólo tres hermanos míticos habrían sido capaces de acabar el fuego y la sangre…a fuego y sangre. Gracias a los Siete que llegaron los Targaryen.

Pero la primera impresión siempre termina cediendo a un análisis más concienzudo. ¿Y si tanta belleza en Rhaenys se torna en lujuria? ¿Y si tanta fiereza se transmuta en ambición? ¿Y si tanta ecuanimidad se torna en indiferencia? Pero no, no entremos en ello, pues quiénes son los humanos para juzgar a los dioses. “Esto tan sólo son rumores”, dice el archimaestre Gyldayn cada vez que no quiere comprometerse.

 

Orys Baratheon derrota a Argilac el Arrogante
Orys Baratheon derrota a Argilac el Arrogante

Y esta artimaña es la que le ayuda a levantar la máscara luminosa de la que gozan los Targaryen. Los Targaryen no son eternos, bien lo supo Rhaenys cuando murió en Dorne; en cambio, los Martell pueden ser tan escurridizos como el veneno, así lo demostró Meria Martell, quien, con la tenacidad que recuerda a una Catalina Romanov ponienti, resiste tanto como la arena resiste ante el fuego. El hijo mayor de Aegon, Aenys, puede ser más parecido a una pequeña lagartija que a un legendario dragón, y Visenya puede tener el alma tan oscura como su espada, hasta ser tildada de bruja y estar ciega ante la personalidad de su hijo, Maegor.

En este punto, no pude evitar comparar a Aenys y Maegor con Caín y Abel. La oveja y el lobo, el pusilánime y el intrépido, la víctima y el monstruo. Aenys pudo ser la paz que necesitaba el reino después de la conquista, pero fue cobardía, así que Maegor decidió poner en práctica la más grande moraleja de este universo; “el Trono no es de quien se lo merece, sino de quien es capaz de tomarlo”. Maegor, a su vez, puso ser la fuerza que un continente necesitaba para no resquebrajarse, pero fue crueldad y, hoy en día, aún hay fantasmas recorriendo la Fortaleza Roja que reclaman venganza por quien los asesinó sin razón.

Como bien dice Aristóteles, todo es extremo es malo. Aenys fue defecto mientras Maegor fue exceso. Ta vez sea por esto que los Siete decidieron ser misericordiosos y enviaron a Jaehaerys, el término medio entre su padre y su tío, quien, para colmo, tuvo a su lado una de las mujeres más grandiosas que haya tenido Poniente. A Gyldayn se tomó 250 páginas en contar todas las hazañas, tristezas, alegrías, miedos y abundancia de lo que fueron las vidas de estos dos Targaryen y su gran reinado. Y cómo no, si Poniente no había conocido paz en años. Desde pequeños, Jaehaerys y Alysanne fueron decididos y se casaron en secreto a pesar del rechazo de su madre. Desde pequeños fueron conscientes, así que ambos se instruyeron en Rocadragón mientras llegaban a la mayoría de edad. Jaehaerys no quería ser una segunda versión de su padre, así que también entrenó hasta el cansancio y adquirió las habilidades guerreras de su tío. Para cuando Jaehaerys celebraba su decimosexto día del nombre, Jaehaerys y Alysanne eran la personificación de la sabiduría.

Alysanne y Jaehaerys
Alysanne y Jaehaerys

No es casualidad que se recuerde al reinado de Jaehaerys como uno próspero y pacífico. Este rey concilió a los señores que aún tenían rencores desde la época de Maegor, hizo caminos a lo largo de todo Poniente, dentro de los que se incluye el Camino Real, codificó las dispersas leyes de todo el continente, escogió hombres capaces para ocupar los cargos del Consejo Privado y hasta acabó guerras sin que en su ejército se derramara una sola gota de sangre. Por su parte, la reina Alysanne escuchó a todas las mujeres de Poniente, desde las de alta cuna en Roca Casterly hasta las prostitutas de Villa Topo; fue quien eliminó el derecho de pernada y fue siempre la primera consejera del rey Jaehaerys.

“Pero esto son sólo rumores” tuvo que decir el archimaestre Gyldayn en algún momento, y estas dudas (o secretos) vinieron de la mano de Coryanne Wylde, una de las damas de compañía de la reina Alysanne, y su libro de confesiones eróticas llamado “Alta cuna, baja cama” o “Advertencia para jovencitas”. ¿Jaehaerys perdió la virginidad con Lady Coraynne? ¿Coraynne sólo lo inició en el arte de dar placer? ¿Acaso tuvo lugar toda una orgía? No lo sabremos y nunca lo haremos, pues “son tan sólo rumores”.

Sin embargo, lo que no fue rumor fue la oscuridad que ensombreció la vida en pareja de Jaehaerys y Alysanne. Si bien fueron espléndidos reyes, no tuvieron tanta suerte como padres. Hubo varios hijos que murieron poco tiempo después de nacer, contra todo pronóstico mítico, la pequeña Daenerys murió de escalofríos, hubo putas, borrachas, niños indiferentes a su familia y…a pesar de todo el bien que hicieron, estos reyes fueron quienes pusieron la semilla de lo que se conocería luego como la “Danza de los Dragones”, debido a la cantidad de pretendientes al Trono de Hierro que surgieron de una prole tan magnánima.

El príncipe Aemond en Vhagar persigue al príncipe Lucerys en Varax
El príncipe Aemond en Vhagar persigue al príncipe Lucerys en Varax

 

“Que se definieran los sombríos, turbulentos y sangrientos sucesos de este período como “danza” nos deja perplejos por la grotesca inexactitud.  Sin duda, la frase tuvo su rigen en algún trovador. “La Muerte de los Dragones” sería un nombre mucho más ajustado a la realidad” (Archimaestre Gyldayn, “La muerte de los dragones, los verdes y los negros”).

¿Por qué no? Hay una perversa e insana belleza detrás de Rhaenyra y Aemond, de Criston Cole y Alicent Hightower, de Tyland Lannister y Daemon Targaryen. Pero dejaré que ustedes vean con sus propios ojos los colores que danzan entre traiciones, conspiraciones y dragones moribundos. Dejaré que ustedes decidan creer las palabras del septón Eustace, el maestre Orwyle o el pintoresco Champiñón, un bufón más embustero y exagerado que cualquier trovador y, aun así, más sensato que cualquier archimaestre.

Así es como la historia de los Targaryen se convierte en la historia de un poder que nace y crece, que se transforma y se retuerce, que muere y resurge de las cenizas, que duerme y se mantiene latente. Que se mantiene a flote gracias a otros intrusos que rellenan la escenografía ponienti, tales como Elissa Farman, Otto Hightower, Rogar Baratheon, el septón Barth y Corlys Velaryon. “¿Soy el rey? Si lo soy, coronadme ya”, suena la voz de Aegon II, resumiendo líneas y líneas de Fuego y Sangre, y resumiendo así también el juego de Martin, porque no debemos olvidar que esta historia ficticia sigue sus reglas, no las nuestras

¿Qué es verdad y qué es mentira? ¿Quiénes fueron realmente los idealizados Targaryen? ¿Tiene razón Gyldayn, Coraynne, Orwyle o Champiñón? Eso únicamente lo sabe Martin y, lo disfruta tanto, que se toma la libertad de escribir dos o tres versiones de un mismo hecho e incluso hacer guiños a personajes de “Canción de Hielo y Fuego”, tales como Varys, Davos, Stannis y Tyrion. Nosotros solo podemos sentarnos y disfrutar de la historia de quien el único rey es su autor, sea verdad o no, sean rumores o no, sea idealización o no, pues, aun así, podemos maravillarnos de una historia que simultáneamente es pura invención.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s